Elvira Lindo: “Creo que la defensa de la sanidad es una obligación ética para todos aquellos que tenemos una tribuna pública”

Jueves, 1 de febrero de 2024

por Natalia Hernández Manjón


Es difícil imaginar su vida lejos de la lectura. Desde muy pequeña comenzó a escribir cuentos y esa afición pasó a convertirse en profesión. Con tan solo 19 años entró a trabajar en la radio, pasando por diferentes trabajos de reporterismo y guión, hasta dar voz a uno de sus personajes literarios más conocidos: Manolito Gafotas. Posteriormente, ha ido publicando infinidad de libros que se han hecho hueco convirtiendo a su autora, Elvira Lindo, en una de las escritoras más conocidas alrededor del mundo. En su último libro, En la boca del lobo, aborda el desamparo infantil ante un caso de acoso, una novela que es el resultado de muchos años de escucha atenta a los demás. ¡Nos abre las páginas de su historia!

Elvira Lindo | Foto: Isabel Wagemann
Elvira Lindo | Foto: Isabel Wagemann

Pregunta. ¿Qué llevó a Elvira Lindo a querer adentrarse y dedicarse al mundo de las letras? ¿Qué le inspiró para tu primer escrito?

Respuesta. Realmente no sé cuál fue mi primer escrito porque empecé a escribir a los nueve años sin otra intención que la de jugar. Me sentía bien yéndome a una habitación que había en el fondo de mi casa de Palma y poniéndome a escribir cuentos como los que leía. Eso se fue convirtiendo en la adolescencia en una vocación y después en un oficio, cuando entré a trabajar en la radio a las diecinueve años, de tal forma que no sé cuál fue la razón. Para mí es algo natural, una tarea que lleva conmigo casi desde que tengo memoria.

P. Ha pasado por periodismo, novela, guion de televisión y cine, artículos en periódicos… ¿qué cree que debe caracterizar a un buen escritor?

R. Es difícil tener lectores, sí; es difícil publicar un primer libro; es difícil encontrar a alguien que crea en ti tanto como para publicarte. También es difícil ser escuchado y ser apreciado. Es una mezcla de mucho trabajo y suerte. El azar juega un papel considerable en todo oficio artístico, porque hay muchos que valen tanto o más que tú que no consiguen hacerse un hueco.

P. Ha realizado narrativa infantil, como Manolito Gafotas, pero también adulta, como su última obra En la boca del lobo, donde aborda el desamparo infantil ante un caso de acoso. ¿Qué le llevó a escribir sobre un tema tan delicado?

R. Es algo que siempre me ha interesado. Me obsesiona el daño que puede causar la vulneración de la inocencia, así que he tratado de seguir el rastro de un trauma de la niñez y saber qué pasa con él en la vida adulta, cómo las personas que han sido heridas tan hondamente cuando eran niños o niñas consiguen salir adelante a pesar de tener en su haber una experiencia difícil de encajar.

Portada del libro En la boca del lobo de Elvira Lindo
Portada del libro En la boca del lobo

P. Es un libro que usted misma explica que no espera que sea terapéutico, pero sí que produzca desazón y muchas preguntas al lector, aunque es una novela de suspense, ¿está basada en algún caso de realidad? ¿Cree que puede ayudar la literatura a salir de un pozo, como es el acoso, a alguien que esté pasando por ello?

R. Lo que quería decir es que yo no escribo para curar, no tengo una pretensión terapéutica, pero está claro que sin yo pretenderlo el libro puede ser balsámico para quien ha sufrido. De hecho, las personas que mejor han entendido la novela desde sus primeras páginas son las que padecieron algún tipo de trauma en la niñez. También los psicólogos captan las claves que ya se muestran en el primer capítulo porque conocen los síntomas que genera esa triste experiencia.

El libro es el resultado de muchos años de escucha atenta, de prestar atención a lo que algunas mujeres me han contado. Creo que entenderíamos mucho mejor el mecanismo mental del prójimo si simplemente nos prestáramos a escuchar mostrando interés. Las personas que no escuchan o que escuchan con prejuicios no se enteran de nada, se creen que lo saben todo. En mi familia me tienen por una especie de adivinadora, pero yo sé que mi secreto es escuchar y atar cabos. Es mi pasión desde que era niña.

P. ¿Cree que como a Julieta, hay muchos niños que han pasado por un trauma y que no se atreven a contarlo por miedo o por ser juzgados?

R. Desde luego que sí. Los niños no entienden el abuso, no saben dónde colocarlo en su experiencia, así que optan por llevarlo como un secreto y con culpa. No quieren perturbar a sus mayores; temen no ser comprendidos o que se les culpe por lo que está pasando. Si uno se para a pensarlo sufrir un abuso de niña es una experiencia tan extraña que la mente infantil no alcanza a comprender algo que le perturba tanto. Todos hemos sufrido alguna experiencia de este tipo cuando éramos pequeños, y aunque se tratara solo de un tocamiento fugaz es algo que difícilmente se olvida porque siempre se percibe como algo amenazante e incomprensible.

P. Además, también ha dirigido Alguien que cuide de mí, la película con la que ha dado el salto al cine y que ha codirigido. Trata la realidad silenciada del VIH en mujeres, ¿en qué medida es importante dar voz a los problemas de salud en la gran pantalla? ¿De qué manera favorece su visibilidad?

R. En este caso en particular, entorno al VIH en las mujeres hubo y hay un silencio que no ha logrado romperse. Hay mucho de estigma, de vergüenza, de castigo social por haber llevado una vida libre. Son mujeres entre 60 y 70 años que lo vivieron con mucho dolor y que en muchos casos no lo han confesado ni a sus familias. Me extraña que no nos hayan llamado más médicos o gente de la profesión para hacer coloquios con sus enfermas sobre el asunto. Creo que sería muy sanador.

Elvira Lindo | Foto: Isabel Wagemann

P. También escribe mucho sobre sanidad, ¿cree que es importante la labor de los profesionales sanitarios?

R. Creo que la defensa de la sanidad es una obligación ética para todos aquellos que tenemos una tribuna pública. Mi vida ha girado en torno al Gregorio Marañón y al Niño Jesús. Ahí he pasado momentos cruciales en mi vida y me siento muy agradecida a los profesionales de la sanidad pública.

Recuerdo especialmente con cuánto afecto trataban a mi padre, que en sus últimos momentos se portaba regular porque era un hombre rebelde siempre. Había una enfermera que hasta lo peinaba con colonia y eso nos hacía mucha gracia. También recuerdo el cariño hacia mi bebé cuando estuvo ingresado varias veces. Yo era una madre muy joven y tenían que apoyarme para que no me derrumbara. Cuando te ingresan o ingresan a un ser querido estás en manos de los profesionales de la sanidad no solo en un sentido puramente médico sino también humano, por eso siempre recuerdas cualquier gesto de cariño.

P. Ha recibido varios premios a lo largo de su carrera. Hace unos meses la Federación de Gremios de Editores de España le otorgó el Premio Liber 2023 por su aportación a la literatura, “al crear unos personajes enraizados en la vida social que muestran la cotidianidad de los hombres y mujeres comunes”. ¿Qué supuso para usted este premio?

R. Los premios ayudan a tu obra y en ese aspecto son buenos. También alegran a tu familia y en ese aspecto son todavía mejores. Pero no me cambian en ningún otro sentido.

P. ¿Dónde veremos a Elvira Lindo en un futuro? ¿Algún otro proyecto en mente?

R. Estoy preparando una ficción para la radio y eso es algo que me hace muy feliz. Me ilusiono como una niña y eso quiere decir que estoy viva, muy viva.

Píldora de Elvira Lindo

  • ¿Cómo definiría la labor enfermera? Es una mezcla de oficio y humanidad. Cuando la profesión y la empatía se dan en su justa medida tenemos a una grandísima profesional que toca lo más sagrado en el ser humano, la salud.
  • ¿Qué no falta nunca en su botiquín? Tiritas, vendas, alcohol, agua oxigenada, aspirina, ibuprofeno, paracetamol, triptófano, algún Lexatín por si acaso, algún somnífero por si acaso. No demasiadas cosas.
  • Ejercicio, ¿en un gimnasio o al aire libre? Hago ejercicio de fuerza en un gimnasio y también pilates. Ando mucho. A veces pienso en correr, pero luego me da pereza.
  • ¿De qué alimento no podría prescindir? De los tomates, el pan, los huevos, el aceite, el arroz. Me gusta cocinar y me encanta desayunar.
  • De no haber sido escritora, ¿qué profesión habría escogido? Creo que hubiera seguido en la radio, pero escribiendo también. No me veo sin escribir, es mi vida.

Noticias relacionadas

¿Quieres comentar la noticia?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*
*