Historia de la Enfermería: mirar al futuro desde la perspectiva del pasado

Miércoles, 21 de octubre de 2020

“Salvo alguna excepción, como ha sido la figura de Florence Nightingale en relación con su papel en la guerra de Crimea o a Edith Cavell en la Primera Guerra Mundial, pocos son los nombres conocidos de enfermeras, incluso por los propios profesionales”, comienzan Ángela González y Cristina Gómez, responsables de la asignatura de Historia de la Enfermería en la Escuela Universitaria de Enfermería Fundación Jiménez Díaz Universidad Autónoma de Madrid. Es desde hace unas décadas, continúan afirmando, que con la implicación de algunas enfermeras en la investigación histórica se está dando a conocer y “buscando el reconocimiento de los profesionales en los acontecimientos históricos”.

Por su parte, Juan M. Arribas, director de la Escuela de Enfermería y Fisioterapia San Juan de Dios-Comillas, coincide con las docentes al señalar que, a excepción del caso de Nightingale, “los reconocimientos son muy puntuales y circunscritos a países o localidades concretos y, en la mayoría de los casos, las distinciones más globales se deben a revisiones de carácter histórico que han recuperado figuras que han pasado desapercibidas durante décadas, cuando no siglos”.

El lugar de las enfermeras en la historia

Salvo el periodo comprendido entre la segunda mitad del siglo XIX y la actualidad, destaca Arribas, la revisión de los textos históricos permite comprobar que “desde los inicios del cristianismo, el cuidado tiene un marcado carácter religioso, y el papel de las enfermeras en cada periodo está condicionado por el rol social de la mujer en el mismo, asumiendo los cuidados informales en el ámbito doméstico o dedicando su vida al cuidado de enfermos o necesitados desde instituciones religiosas”. A excepción de algunos casos reseñables, “como las comunidades de beguinas en la segunda mitad de la Edad Media”.

Hasta hace poco, afirman González y Gómez, pese al gran colectivo que conforma la enfermería, “teníamos escaso protagonismo en las decisiones que se tomaban en relación a las políticas de salud en este país o en el mundo, a pesar de la formación y conocimiento de los profesionales”. Sin embargo, algunos de estos han alcanzado puestos de importancia en diferentes organismos y son conocidos en el ámbito global, o por determinados acontecimientos, y citan los ejemplos de Nightingale y Cavell, añadiendo el de Vera Brittain, también en la Primera Guerra Mundial, autora del libro Testamento de juventud. Además, debido a la situación de pandemia, “y la importancia de encontrar una vacuna”, destacan que la figura de Isabel Zendal y su trabajo en la misión de Balmis están de actualidad. Asimismo, enfatizan en la importancia de las enfermeras visitadoras en los comienzos del siglo XX, “sus trabajos en los cuidados de los centros antituberculosos, de higiene rural y puericultura”; de la labor de las enfermeras en la Guerra Civil y “aquellas que vinieron de otros países a cuidar de los soldados bajo los auspicios de la Cruz Roja Internacional”; del reconocimiento a las ATS, “que lucharon para que la Enfermería llegara a la universidad en 1977, en igualdad de condiciones y, posteriormente, la consumación del grado y la posibilidad de doctorarnos en nuestra propia disciplina”.

En cuanto a fortalecer la visibilidad de este protagonismo histórico de las enfermeras, ambas subrayan que, en lo referido a las posibilidades de los docentes de la asignatura de Historia y Fundamentos, “hemos podido comprobar que, si hacemos la historia cercana y trabajamos con lugares y personas que los alumnos pueden llegar a conocer, se muestran más interesados y colaboradores en la misma”. Sin embargo, la notoriedad referida al ámbito nacional o internacional “necesita campañas institucionales tanto académicas como laborales, como hemos visto ahora con Nursing Now 2020”. “Si la visibilidad histórica es importante, consideramos que la actual, de nuestro trabajo, es imprescindible; y aún queda mucho por hacer”, añaden.

En este sentido, Arribas completa subrayando que en su opinión esta campaña, de la iniciativa para declarar este 2020 como el Año de la Enfermera y la Matrona, es un éxito desde el comienzo. “La notoriedad a ambas figuras que aporta en todo el mundo es una oportunidad para generar un impulso necesario en el conocimiento, por parte de la sociedad, del papel que desarrollan dentro de los sistemas de salud en todos los ámbitos de la atención”.

Al preguntar a los entrevistados sobre la trascendencia histórica de la actual crisis por COVID-19 coinciden a confirmarla. Aunque, apunta el director de la Escuela de Enfermería y Fisioterapia San Juan de Dios-Comillas, “en esta sociedad en la que todo suceso se ‘devora’ de manera excesivamente rápida corremos el riesgo de que el trabajo destacado de todo el personal sanitario durante la pandemia sea desplazado y ‘olvidado’ en el momento en que su papel se eclipse ante nuevas necesidades o crisis”. Además añade que es aún pronto para poder prever cómo se estudiará el papel enfermero durante esta, cuando el personal está todavía “exhausto, física y psicológicamente, por la situación a la que se ha enfrentado. Necesitaremos poner distancia para intentar acercarnos a este fenómeno y su significado histórico en nuestra profesión”.

Las docentes argumentan, por su parte, que la labor enfermera durante esta época será estudiada, al igual que en otros periodos anteriormente mencionados, y que en la actualidad la implicación que han demostrado los profesionales está “más que demostrada y reconocida por la población y las instituciones. Han sido las enfermeras las que han estado en primera línea en esta pandemia, prestando cuidados a pie de cama a los pacientes, ayudando a superar la enfermedad, y, en muchos otros casos, han podido estar acompañándolos en los últimos momentos de su vida. Así será recordada su profesionalidad, y formará parte de la asignatura de Historia”.

El estudio de la historia de la enfermería en España

Las futuras enfermeras, inciden González y Gómez, han de conocer “qué es en sí el cuidado, cuál es nuestro papel profesional, en qué situación nos encontramos y dónde queremos llegar para poder trabajar por ello”. Así, es fundamental conocer la historia “para saber en qué circunstancias se encuentra en la actualidad nuestra profesión. Necesitamos entender de dónde venimos para poder seguir avanzando en los cuidados enfermeros”. Además, Arribas añade que la formación en historia aporta el análisis y la comprensión de las causas y consecuencias de los procesos sociales relacionados con la provisión de cuidados a lo largo del tiempo” y su relación con la consideración actual de la Enfermería como disciplina y profesión. El estudio de las humanidades, como parte de los planes académicos, promueve en el estudiante el razonamiento crítico y aporta un componente esencial del cuidado: la perspectiva cultural del mismo”.

En cuanto a la implantación de la asignatura en España, las docentes consideran que, en los últimos años, se está estableciendo “de forma desigual en cuanto a los créditos asignados a la misma. El plan de estudios de la Universidad Autónoma de Madrid consta de 6 ECTS. Podríamos pensar que el esfuerzo de aquellos enfermeros que, a finales de los 80, crearon el Seminario Permanente para la Investigación de la Historia de la Enfermería (SEPIHE) puede verse reflejado en nuestro caso”. En este sentido, ambas explican que la asignatura está divida en dos bloques: uno relacionado con la historia en sí misma y otro con las teorías y modelos. El primero trata los conceptos de cuidado, persona, salud y enfermedad y cómo los cuidados han ido evolucionando, haciendo hincapié en cómo se lleva a cabo la investigación histórica de los cuidados; el segundo aborda la nomenclatura, las escuelas y el conocimiento de las diferentes teóricas de la enfermería.

La formación en historia, continúa Arribas, favorece la comprensión de las dinámicas sociales de cada momento histórico y su repercusión tanto en la evolución del cuidado como en la figura de los cuidadores. “Todo ello permite acceder y comprender las claves de su evolución y, a través de ellas, ser conscientes del compromiso del conjunto del colectivo enfermero con el desarrollo de nuestra disciplina a través de la generación de conocimiento propio”. Dicha generación, afirma, es lo que ha sustentado el nivel de autonomía actual de la profesión, “y sobre su desarrollo deberá consolidarse la futura evolución de nuestro papel profesional”. Con la llegada del Plan Bolonia, apuntan González y Gómez, la disciplina enfermera alcanzó el mismo nivel académico que cualquier otro grado y esto “nos brinda la oportunidad de realizar una investigación inherente a la misma; y esta investigación se puede trasladar a cualquiera de los ámbitos en los que ‘se mueve’ la profesión”.

“Acercarse al estudio de los procesos sociales pasados y actuales te aporta un bagaje importante a la hora de afrontar la docencia y las metodologías de aprendizaje, y aporta herramientas para el manejo de las dinámicas de los grupos”, añade el director de de la Escuela de Enfermería y Fisioterapia San Juan de Dios-Comillas. Y si esto se proyecta a la gestión de recursos humanos y materiales y académica “su ayuda es evidente”. Por otro lado, en el ámbito de la investigación abre “un campo en continua expansión y aún con mucho que explorar para poder arrojar luz a fenómenos que, en muchos casos, se han abordado de forma superficial o bajo la lupa de un contexto previo condicionado por los papeles sociales del momento”.

“Cada sociedad es producto de su historia”, subraya Arribas, y tanto el conocimiento de las dinámicas sociales que han condicionado la realidad como la comprensión de los componentes culturales “permiten adaptar el cuidado a las especificidades de las personas, familias y comunidades. Difícilmente podemos acercarnos al fenómeno del cuidado sin comprender los procesos sociales que han configurado la actual realidad transcultural”, concluye.

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